Normas Esfera: “Radicales, pero inevitables” – Entrevista a Peter Walker

25 October 2012 | Sphere Project

Peter Walker, pionero del Proyecto Esfera

Peter Walker. Foto: © Proyecto Esfera

El Proyecto Esfera, lanzado oficialmente a mediados de 1997, acaba de cumplir 15 años. Para celebrar la ocasión, hablamos con uno de sus creadores.

La primera experiencia de Peter Walker en el ámbito humanitario se remonta a 1979, cuando ayudó a recaudar dinero en el Reino Unido para una operación de socorro en Camboya. Walker recuerda su sensación de impotencia frente al horror del genocidio perpetrado por Pol Pot contra la quinta parte de la población camboyana: "No se puede hacer nada, pero se puede contribuir a la labor de socorro. Así fue cómo entré en el mundo humanitario." Desde entonces, siempre ha considerado que "es un privilegio realizar este trabajo. Uno no puede volverse cínico, ni hacerlo por dinero únicamente. No puedo imaginar ninguna carrera más gratificante."

En 1994 se publicó el Código de conducta relativo al socorro en casos de desastre para el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja y las organizaciones no gubernamentales. ¿Qué papel desempeñó usted en ello?

El Código de conducta para la Cruz Roja y las ONGs describe esencialmente el comportamiento que deben adoptar los trabajadores humanitarios, en su calidad de invitados en el país de otros. Yo tuve la suerte de participar en su redacción. Fue la primera vez, me parece, que la comunidad humanitaria intentaba sentar algo parecido a las bases de su comportamiento a escala internacional.

¿Cuál es la relación entre el Código de conducta y el Proyecto Esfera?

Una vez creado el Código de conducta, el paso siguiente fue preguntarnos lo siguente: "Si así es cómo debemos comportarnos, entonces ¿qué es lo que debemos hacer?" En cierto sentido, por lo tanto, las normas del Proyecto Esfera eran una continuación lógica del Código. Yo tuve la suerte de encontrarme en el lugar adecuado, en el momento adecuado y con las personas adecuadas para ponerlo en marcha.

Hay quienes se refieren a usted como uno de los "padres" del Proyecto Esfera...

Bueno, mi esposa me dice que así es: que Esfera fue nuestro cuatro hijo [risas]. Y que he dedicado tanto tiempo a su crianza como a la de los otros tres.

¿Cómo empezó todo?

Tanto Nicolas Stockton, que entonces trabajaba para Oxfam, como yo, habíamos participado en las labores de socorro durante las hambrunas del Sudán y de Etiopía, en los años 80. Habíamos visto las cosas maravillosas y las realmente horrorosas que las organizaciones humanitarias estaban haciendo.

Así que pensamos: "Debemos ir más allá del Código de conducta. Es necesario señalar qué pueden esperar las personas atrapadas en una crisis de estos extranjeros que llegan de repente a su país y que, por algún motivo, les ofrecen asistencia." Sabíamos que se trataba de lo que las personas necesitaban para vivir: comida, agua, salud y vivienda.

Luego conseguimos que el conjunto de grandes redes de ONGs que constituían el Comité Directivo para la Respuesta Humanitaria aceptara la idea y ¡voilà!, nos asignaron un mandato... a condición de que consiguiéramos el dinero para ponerlo en marcha. Así fue cómo empezó.

¿Qué papel tuvo en el nacimiento del Proyecto Esfera la evaluación conjunta de la asistencia de emergencia en Ruanda publicada en 1996?

La sabiduría popular cuenta que el Proyecto Esfera fue una reacción a la evaluación de la respuesta humanitaria tras el genocidio de Ruanda. En realidad, el proceso ya se había iniciado anteriormente. No obstante, muchas de las personas que participaron en Esfera también estaban involucradas en la evaluación, lo que permitió que Esfera aprovechara la oportunidad de proseguir esa tarea.

A la sazón, en el sector humanitario se estaba forjando un amplio proceso de introspección, no sólo entre los trabajadores humanitarios, sino también en sus organizaciones y entre los donantes. En ese contexto nacieron otras iniciativas, además del Proyecto Esfera.

¿Cuáles eran los principales problemas que querían resolver?

Cuando nos planteamos Esfera, en parte lo hicimos como reacción a lo que habíamos observado. En el terreno habíamos visto algunas prácticas realmente pésimas. Algunas organizaciones, en ciertas regiones, actuaban de manera incompetente desde el punto de vista técnico, y eso estaba costando vidas en lugar de salvarlas. Nos pareció moralmente inaceptable.

Cuando empezamos a trabajar sobre las normas de Esfera, intentamos invertir la situación. En lugar de centrar el trabajo humanitario en lo que hacían las organizaciones, tratamos de adoptar un enfoque diferente, centrado en aquello que las personas afectadas por las crisis tienen derecho a esperar por parte de quienes vienen a prestarles asistencia. ¿Pueden esperar que sean competentes? ¡Claro que sí! ¿Pero cómo definir esa competencia? Ése fue el motor de todo.

¿Por qué decidieron elaborar normas?

En aquel momento nos pareció que la manera de reflejar la noción de "competencia", especialmente en la comunidad humanitaria, que es una amalgama de personas altamente formadas y de personas menos formadas, era establecer algún tipo de normas mínimas. Algo que permitiera a las personas entender qué se trataba de conseguir con su trabajo.

Las normas Esfera son sólo una herramienta. Cuando se usan correctamente, permiten centrarse en las víctimas de las crisis: en sus aspiraciones, en sus necesidades, en sus derechos. De eso hablan las normas Esfera, y permiten realmente centrarse en ese aspecto. Así que de alguna manera, permiten alcanzar un empoderamiento increíble.

Sin embargo, las normas pueden usarse de otras maneras, haciendo caso omiso de esas aspiraciones y centrándose en los aspectos técnicos: tantas calorías, tanta agua... Pero es posible que, entonces, el agua se proporcione de tal modo que las personas no tengan acceso a ese empoderamiento.

¿O sea que las normas de Esfera se pueden usar de forma indebida?

Esfera tiene que ver con la calidad técnica y la afirmación de los derechos de las personas. Por eso se presenta en primer lugar la Carta Humanitaria, y el resto se deriva de ella. ¿Está logrando este objetivo? Eso es muy difícil de valorar...

En realidad, las normas son un arma de doble filo. Si se usan sin reflexionar mucho, se convertirán en un acto reflejo y se ofrecerá la misma solución para todos. Sin embargo, la clave de las respuestas a las situaciones de crisis radica en el contexto. Es preciso entender el contexto y la realidad de las personas en el terreno.

Para Esfera, la idea según la cual "debes adaptarte al contexto" significa que los trabajadores humanitarios deben entender la diferencia entre las normas y los indicadores. Las normas suelen ser bastante genéricas. Por ejemplo, una norma dice que es necesaria una cantidad suficiente y equitativa de agua. La norma no habla de 15 litros de agua por día: ése es el indicador que se sugiere.

A veces me preocupa que, cuando elaboramos las normas, no hayamos insistido bastante en la idea de que es necesario entender el contexto. Supongo que la recalcaría más si me dieran una segunda oportunidad. Pero a posteriori todos somos más sabios...

¿A quiénes están dirigidas las normas?

Las personas que llevan muchos años trabajando en el sector humanitario pueden pensar: "Yo no necesito las normas, yo sé lo que hago." Y en parte tienen razón. Si han logrado mantenerse en este campo, probablemente ya estén ateniéndose a las normas en su trabajo.

Las normas son más importantes para las personas que están empezando. No podemos dejar que practiquen y mejoren en su trabajo cometiendo errores que afectarán a poblaciones vulnerables.

¿Pone Esfera en desventaja a las organizaciones pequeñas y con peor financiación?

Cuando establecimos las normas, intentamos ponerlas a prueba en distintos entornos. Nos preguntamos, por ejemplo: "¿Funcionarán estas normas en el contexto de un terremoto en California? ¿O durante una hambruna en África? ¿O en una inundación en Asia?"

En mi opinión, funcionan en todos los casos. Las organizaciones pequeñas no gestionan un campo de refugiados entero, ni deben proveer comida a zonas extensas, sino que suelen desarrollar ciertas funciones en el marco de una operación más amplia. Sin embargo, también deben tratar de alcanzar las aspiraciones de estas mismas normas. Las personas a las que tratan de ayudar tienen los mismos derechos.

¿Cuál es el objetivo de la Carta Humanitaria que aparece al inicio del Manual Esfera?

De alguna forma, para mí, la Carta Humanitaria es la parte más importante del Manual Esfera.

Tratamos de abordar estas cuestiones: "¿Por qué estamos haciendo esto? ¿Acaso únicamente para sentirnos bien y pensar que somos competentes y profesionales?" ¡Claro que no! ¡Es porque creemos sinceramente que las personas a las que brindamos asistencia tienen ese derecho! Tienen el derecho de vivir con dignidad. Por eso hacemos este trabajo.

La Carta muestra que las normas no caen del cielo. No son un invento de las organizaciones humanitarias. Son realmente una expresión de los derechos de las personas, que los Estados han suscrito estos últimos 50-60 años. Por eso fue tan importante presentar Esfera como un instrumento basado en esos derechos.

¿Cuál fue la respuesta al Manual Esfera?

La primera edición del Manual realmente no era más que cuadernillos anillados que sólo algunas personas tienen en su biblioteca, una pieza de museo. Esa versión fue en gran parte una prueba. Se publicó y recibió críticas muy diversas. Muchas organizaciones dijeron que eso era exactamente lo que necesitaban.

Otros -yo recuerdo a mis colegas del Groupe URD y Médicos sin Fronteras- afirmaron, por una parte, que el Manual no enfatizaba bastante que cada crisis es diferente y por lo tanto el contexto es muy importante. Y, por otra parte, decían que, en el fondo, el trabajo humanitario no es un negocio de suministros, sino algo profundamente político. Y que si no se presta atención, las normas lo convertirán en un mero asunto tecnocrático.

Me parece que ése es un argumento realmente sólido. Es necesario un equilibrio entre las normas técnicas y cierta competencia a la hora de interpretarlas en el terreno. Les agradezco mucho que hayan esgrimido esos argumentos, porque han permitido que las normas y la capacitación de los trabajadores humanitarios se volvieran mucho más profesionales y responsables.

¿Podría evaluar el impacto de las iniciativas sobre calidad y rendición de cuentas?

No se puede examinar el sistema humanitario y decir que se han logrado grandes cambios gracias al Proyecto Esfera o a cualquier otra iniciativa. Pero se puede decir que toda la labor en materia de calidad y rendición de cuentas ha hecho que las personas actúen de una forma ligeramente diferente.

Si consideramos el debate sobre el significado de la rendición de cuentas, creo que se ha profundizado y ha adquirido matices con respecto a antaño. Las personas reconocen que no se trata únicamente de que las organizaciones permitan expresarse a los beneficiarios. Eso es importante, pero va más allá. Se trata de la responsabilidad profesional de aportar un servicio creíble a las personas. También se trata de la responsabilidad de las organizaciones ante la población en la que viven los beneficiarios.

Y las organizaciones saben que, como instituciones, deben lograr un equilibrio entre eso y su responsabilidad ante los donantes, sin olvidar la necesidad de garantizar la seguridad y la confianza de sus trabajadores.

¿Qué cree usted que el Proyecto Esfera ha logrado en 15 años de existencia?

Par mí resulta verdaderamente increíble el número de idiomas en los que está disponible el Manual Esfera. Hay personas que desean leer el Manual en todos esos países. Me parece que ése es un logro fabuloso.

Me impresiona mucho la cantidad de capacitaciones disponibles, la variedad del material, su aplicación espontánea. La capacitación se está volviendo cada vez más profesional y sofisticada. Ha mejorado muchísimo con respecto al pasado.

Y, de alguna manera, uno de los logros de Esfera es haberse convertido en algo normal: ya no es un asunto polémico. Hoy en día, muchas organizaciones esperan que las personas entiendan las normas de Esfera y sepan trabajar con ellas.

¿Diría usted que el Proyecto Esfera fue un gran hito en el trabajo humanitario?

Cuando apareció Esfera, las personas involucradas eran todas relativamente jóvenes y se caracterizaban por estar sumamente orientadas hacia la acción. Eran algo así como inconformistas, rebeldes. Nos parecía que al elaborar esas normas estábamos en la primera línea de la defensa de los derechos de las personas. Y eso es cierto, de alguna manera.

¿Pero qué ocurría en las organizaciones humanitarias en general por aquella época? A medida que van creciendo, las organizaciones y los sistemas necesitan aplicar normas y reglamentos para sobrevivir. Los sistemas y las personas que se encuentran en ellos necesitan dar forma a las cosas a medida que crecen.

Así que, si miramos al pasado 15 años después, veremos las cosas de una forma algo diferente. Aquello era lo que había que hacer y aquél era el momento de hacerlo. Y aunque entonces nos pareció que en cierto modo estábamos siendo radicales, en realidad sólo estábamos cumpliendo nuestro destino social, si se quiere. De modo que, al echar la vista atrás, me digo que aquello fue radical, pero inevitable.

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